sábado, 18 de agosto de 2018

Mientras somos jóvenes tenemos tendencia a ignorar la vejez

Gracias a los progresos de la medicina la vida se ha prolongado: ¡pero la sociedad no se ha "prolongado" a la vida! El número de los ancianos se ha multiplicado, pero nuestras sociedades no se han organizado suficientemente para hacerles lugar a ellos, con justo respeto y concreta consideración por su fragilidad y su dignidad. Mientras somos jóvenes tenemos tendencia a ignorar la vejez, como si fuera una enfermedad, una enfermedad que hay que tener lejos; luego cuando nos volvemos ancianos, especialmente si somos pobres, estamos enfermos, estamos solos, experimentamos las lagunas de una sociedad programada sobre la eficacia, que en consecuencia, ignora a los ancianos. Y los ancianos son una riqueza, no se pueden ignorar.
Esas fueron las palabras del Papa Francisco en una de sus catequesis sobre los ancianos.

Ella es Cesarina Bona, una residente de la casa de reposo Madre Josefina Vannini. Esta casa está a cargo de las Hijas de San Camilo. En mi tiempo de labores por aquel lugar... grabé a "Rina", como solemos decirle, recordando la tonada de una canción que le gusta mucho y de la cual ya no tiene en mente la letra. La pobreza y precariedad no son problemas en este caso, pero es importante que no dejemos de compartir un poco de nuestro tiempo y de darles calidad de vida a las personas que hoy no pueden valerse por sí solas, entre ellos, los muchos ancianos que tiene nuestro país. 



martes, 17 de abril de 2018

Evangelio del día

En aquel tiempo, la gente le preguntó a Jesús: "¿Qué signo vas a realizar tú, para que lo veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo".

Jesús les respondió: "Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo".


Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les contestó: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed".

Jn 6, 30-35

lunes, 16 de abril de 2018

Evangelio del día

Después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús dio de comer a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la multitud, que estaba en la otra orilla del lago, se dio cuenta de que allí no había más que una sola barca y de que Jesús no se había embarcado con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos. En eso llegaron otras barcas desde Tiberíades al lugar donde la multitud había comido el pan. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste acá?" Jesús les contestó: "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello".

Ellos le dijeron: "¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?" Respondió Jesús: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado".

Jn 6, 22-29

domingo, 8 de abril de 2018

sábado, 7 de abril de 2018

Evangelio del día

Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios. Ella fue a llevar la noticia a los discípulos, los cuales estaban llorando, agobiados por la tristeza; pero cuando la oyeron decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. 

Después de esto, se apareció en otra forma a dos discípulos, que iban de camino hacia una aldea. También ellos fueron a anunciarlo a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no les habían creído a los que lo habían visto resucitado. Jesús les dijo entonces: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura".
Mc 16, 9-15

viernes, 6 de abril de 2018

La última del Papa

Hoy el Papa Francisco nos invitó a rezar este mes de abril por quienes poseen responsabilidad en temas económicos, para que construyan una nueva economía que se base en la inclusión y el trabajo digno para todos.

Las intenciones de oración del Papa Francisco, para el mes de abril, se dieron a conocer hoy. El Pontífice nos pide rezar por aquellos que tienen responsabilidades en la gestión de la economía. Para que tengan “el coraje de refutar una economía de exclusión y sepan abrir nuevos caminos”, dijo.

No indicó que la economía no debe centrarse en un objetivo que comúnmente apunta a “aumentar la rentabilidad” en desmedro del “mercado laboral”, teniendo como consecuencia de estos actos la creación de “nuevos excluidos”.

El Santo Padre señaló asimismo que la economía “debe seguir el camino de los empresarios, políticos, pensadores y actores sociales que ponen en primer lugar a la persona humana y hacen todo lo posible para asegurarse de que haya oportunidades de trabajo digno”.

Es por esto que, el Papa Francisco nos invita a juntar nuestras voces en oración por los que tienen esta responsabilidad en sus manos dentro de los asuntos económicos. Que ellos tengan el arrojo de abrir nuevos caminos y levantar puentes que nos lleven a una economía que incluya y de trabajo digno a todos.

Sin ir muy lejos pedimos también las oraciones, en particular, por nuestro nuevo Ministro de economía: David Tuesta.

"Todas las entidades del Estado, de alguna manera, descuidaron el rol de guiar al mercado, a los agentes económicos, de reducir incertidumbre y con ellos se han presentado determinados riesgos que buscamos recuperar", dijo el día de ayer. Deseamos que el señor lo bendiga y obre en el y en este ministerio, para bien de todos los peruanos.

/JF 

Humor católico

El Padre Angel Espinoza nos cuenta sobre las renovaciones matrimoniales, distrútenlo.


Evangelio del día

En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "También nosotros vamos contigo". Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.
Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿han pescado algo?" Ellos contestaron: "No". Entonces él les dijo: "Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces". Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados.
Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: "Es el Señor". Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.
Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar". Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: "Vengan a almorzar". Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: '¿Quién eres?', porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado.
Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Jn 21, 1-14

María, la Madre del cielo


Por mucho tiempo hemos oído decir que nosotros los cristianos tenemos dos madres: nuestra madre biológica y María, la madre de Jesucristo.

Podemos decir esto memorando el momento en que Jesús nos la dejó, diciendo: “Madre he ahí a tu hijo” y refiriéndose a Juan: “He ahí a tu madre” (Jn 19, 26-27). Es de esta forma en que, de manera simbólica y muy especial, Jesús nos ofrece uno de los mayores tesoros de la fe, su madre.

Con esto María pasa a ser madre, más que de nosotros como hombres y mujeres, de la obra salvadora de Dios.

Mamá María es, entre otras cosas, uno de los ejes fundamentales en el camino de la conversión. Es ella el ejemplo que nosotros, especialmente por ser parte de una comunidad mariana, tenemos para madurar en la fe. Ella como ejemplo de obediencia, pureza, humildad y sencillez nos marca, desde su silencio de madre, las pautas para avanzar en el camino a la santidad. Con ella como fiel aliada, la dignidad de hijos e hijas de Dios que tenemos nos eleva al encuentro con el Padre.

Acogerse al amor que María tiene para nosotros, es tomarle la mano y no estar dispuestos a soltarse. Es tomarle la mano con la convicción de encontrarnos con Jesús.

Una de las formas con que María nos ayuda en la ardua lucha por conseguir la salvación, es el Rosario. Con esta bien llamada “arma” podemos combatir al mal. El Santo Rosario nos permite repasar, de la mano de la madre, los pasajes de la pasión muerte y resurrección de Jesucristo para interiorizarlos y sellarlos en el corazón, justo como ella nos enseña. (Lc 2, 19)

Termino esta nota invitándolos a recordar las bodas de Caná, en donde María, la llena de gracia, se dirige a los sirvientes. Lo único que les dice es: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5). Este consejo, como los que mamá nos da en casa, es de esos que uno no puede negarse a recibir y seguir.

/JF